lunes, 27 de diciembre de 2021

Despertar

Media vida he pasado malas noches
Donde sueño que todo sale mal
Es por ello que no manejo un coche
Y le tengo respeto enorme al mar

No por nada cargo enormes ojeras
Que parecen ser algo natural
Y es por eso que fue una buena nueva
Cuando pude, por fin, algo soñar

Empezó hace unos meses, sin buscarlo,
De la nada mi rutina cambió
Ya no había que pelear contra el insomnio
Porque dentro de mí algo se encendió

Cual Gautama encontrando su nirvana
Una paz absoluta me inundó
Y por fin ya no me detenía nada
Y por fin la esperanza renació

Hubo un cambio con mi punto de vista
Que alteró mi manera de vivir
Y me trajo millares de sonrisas
Con un cambio que fue hasta la raíz

Volví a ser aquel alma enamorada
Que hace tanto yo fui y dejé de ser
La sonrisa ya no me abandonada
Ni tampoco las ganas de crecer

Me olvidé de fronteras y de muros
Juraría que era capaz de volar
Descubrir todos los paises del mundo
Sin tener ni un motivo de frenar

Mientras lleno de vida me encontraba
Una transformación aconteció
Sin pensarlo yo todo me entregaba
A lo que me llenaba de pasión

Entregué toda ayuda que pudiera
A la gente que a mi me lo pidió
Si mi sueño un favor necesitara
De inmediato era mi única misión

Con la fuerza que hallé, que me inundaba
Empecé a mil cosas yo planear:
Un Imperio en el cual yo gobernara
Continentes enteros conquistar

Quise ver las montañas y lagunas
Que hace tiempo fueran mi perdición
Y el cruzar por desiertos, con sus dunas,
Me inspiraba ahora un poco de emoción

Y era un sueño tan pleno, tan profundo
Que dejé de vivir la realidad
Ignoré por completo a todo el mundo
Solamente quería poder soñar

Imagina la pena tan profunda
Cuando un día aquel sueño no fue más
Regresaron las noches tan oscuras
Y las penas mis noches a inundar

Y por más que traté forzar el sueño
Obligarme a poderlo revivir
Era claro que había perdido el duelo
Y tenía que aceptarlo y proseguir

Imagina el dolor que ahora me llena
Pues después de saber lo que es la paz
Voy de vuelva a una vida nada plena
Aceptando que el sueño quedó atrás

Y aunque duele saber lo que he perdido
Solo queda enfrentar la realidad
Ahora sé que cuando caiga dormido
Yo sabré lo bonito que es soñar

martes, 21 de diciembre de 2021

Dónde

 Dónde

Me cansé de ser el bueno
Me cansé de ser el malo
Ya estoy harto de este duelo
Que me tiene a mí apagado

Porque yo hice lo que pude
Te apoyé con lo que tuve
Hice todo cuanto supe
Te cumplí cuanto propuse

Y pedí tan poca cosa:
Una pizca de cariño
Oír mi nombre de tu boca
Un abrazo a un fiel amigo

Y encontré como castigo
Tu silencio y tu abandono
Me dejaste a mí en el frío
No importó que estaba solo

Y olvidaste aquellas tardes
Cuando tú, sin contemplarme
Me pedías en un mensaje
"¿Pudieras venir a verme?"

Y en las que yo abandonaba
Todas mis obligaciones
Porque tú necesitabas
Alguien que no te abandone

Esas noches que pasamos
Redactando codo a codo
Noches en que trabajamos
En que no te dejé solo

Y cuando te pedí ayuda
Con detalles importantes
No respondiste mis dudas
Hasta varios días más tarde

Y estoy harto que me digas
Que no supe respetarte
Si te di yo sin medida
Todo cuanto me pediste

Pero no haga yo una broma
Porque tú te pones digna
Y entonces explotas toda
Y se desata tu ira

Cuando tú a mi no me dabas
Ni un segundo de tu tiempo
Cuando yo a ti te marcaba
Siempre estaba interrumpiendo

Todo era más importante
Yo nunca fui prioridad
Si alguien quería a ti verte
Lo recibías sin dudar

Pero no fueran promesas
Que los dos juntos hicimos
Porque esas no te interesan
Y por eso, las rompimos

Y ahora que ya te aburriste
Y de mí le hablas a todos
Dices que nunca te quise
Ni te oí, no supe como

Cuando yo hice marometas
Para cumplir las promesas
Para alcanzar nuestras metas
Y levantar la cabeza

Y que vieras con orgullo
Que el hombre que fuera tuyo
Abandonó su capullo
Y por fin tenía su brillo

Pero creo que tú querías
Solamente a quien usar
Y por eso a mí me olvidas
Ahora que lejos estás

Pero quiero que tu sepas
Y ojalá que no lo ignores
Que cuando cumplas tus metas
Mis marcas serán montones

Y no quiero que tu pienses
Que quiero que a mi me alabes
Solo quiero que al siguiente
Como a mi nunca lo dañes

Porque sé bien como eres
Y dirás que fue mi culpa
Que "Quisiste como quieres,
Y no merezco disculpas"

Y tal vez tienes razón
Pero quiero que tú pienses
Cuando ardía mi corazón
¿Dónde diablos estuviste?

lunes, 7 de junio de 2021

El secreto mejor guardado

 Desde que conocí a mi editora, le dejé una cosa muy clara: Si algún día uno de mis libros resultaba ser exitoso, estaba terminantemente prohibido publicar mi verdadera identidad. Usaríamos un pseudónimo, y si en algún momento se revelaba mi nombre, ella renunciaría a sus honorarios, y todas las ganancias serían mías. Mientras eso no pasara, ella se llevaría más de la mitad de las ganancias del libro. Cuando se volvió la persona más rica del mundo editorial, el mundo entero intentó descubrir su secreto. Sin embargo, ella nunca cedió.

Cuando me diagnosticaron cáncer, y me dieron un plazo no mayor de tres meses de vida, empecé a planear cómo dejaría mi fortuna. Pensé en todas las personas que podían recibir algo de mi parte, y pasé hasta mi último aliento perfeccionando el testamento. 

Al llegar el momento de abrirlo, después del funeral, el mundo estaba expectante. Había mucho dinero en juego, y todos estaban ávidos de saber quién se haría acreedor del mismo, en gran medida, porque necesitaban información sobre mí, y a cualquier persona que se la pudieran sacar sería asediada. Previendo eso, dejé toda mi fortuna a nombre de una fundación, cuyo objetivo sería apoyar a los nuevos talentos, los cuales serían elegidos por una panel previamente elegido por mí, de escritores a quienes admiraba. Ninguno de ellos me conocía.

Pero por supuesto, eso no era todo. Si en el primer año después de mi muerte alguien iba a dicha fundación y presentaba pruebas verificables de que me había conocido, se haría acreedor a cierto porcentaje de ese fondo. La verificación correría a cargo de mi editora, quien conocía mi obra mejor que nadie, y quien seguía afectada por la misma cláusula de siempre. Sabía que no le haría ninguna gracia, pero también sabía que me debía mucho como para negarse. Además, confiaba en que ella mantendría nuestro acuerdo. Y así lo hizo.

Los primeros días, las filas eran interminables. Miles de personas iban a presentar evidencias, sin fundamento alguno. Libros dedicados, fotos, cartas, correos, interacciones en redes sociales. Casi ninguna de ellas verdadera, para decepción -y a veces rabia- de los que la presentaban. Sin embargo, de vez en cuando, mi editora se encontraba con alguien que efectivamente me había conocido.

Un ejemplo fue cuando llegó un señor con una foto de tres personas, abrazadas, en una graduación. En el centro estaba yo, a mis escasos quince años. "Fuimos grandes amigos hasta la secundaria. Después de eso, nos fuimos separando, hasta que llegó el día en que ni siquiera nos felicitábamos en nuestros cumpleaños. Desde que leí su primera novela supe que era suya, pero nunca quise preguntarle, porque pensé que sería una molestia, que lo interpretaría como que quería aprovecharme de su éxito. Me arrepiento de eso, sé que debí hacerlo". Ella revisó el testamento, y vio que, por tener una fotografía conmigo antes de mis veinte años, le correspondía el 5% de mi fortuna. Y a pesar de que existían más fotos, solo él llegó con una. Ni siquiera la otra persona que estaba en esa foto.

Otro caso fue cuando llegó a sus manos un papel escrito a mano, apenas legible. Una carta de amor que yo había escrito. Y aunque al principio intentó descartarla, pronto notó un pequeño garabato que le hizo tener que confirmar con el testamento: Al final de la carta, muy desgastada por el paso del tiempo, pero aún clara, se veía mi firma. Cuando revisó el testamento pudo ver que efectivamente, había una clausula para ese caso, donde indicaba que si alguna de mis ex parejas, cuyos nombres estaban escritos para evitar falsos positivos, llegaba con un documento escrito por mí, le correspondía el 10%. Y a pesar de haber dejado decenas, tal vez cientos de cartas, únicamente llegaron a sus manos dos de ellas.

Sin embargo, hubo omisiones importantes, aunque no sorprendentes. Mi familia, a quien le hubiera correspondido el 15% de la fortuna, no se presentó. Y no porque no tuvieran pruebas de que me conocían, las cuales ciertamente tenían. Sino porque nunca sospecharon a qué me dedicaba. Siempre que me veían me decían que de escritor me iba a morir de hambre, y el hecho de que viviera una vida sin lujos solo parecía confirmarles que mi éxito era menor. Nunca se imaginaron que, cuando alababan las novelas que yo había escrito y a los personajes que había plasmado, estaban hablando con quien los trajo al mundo.

Por último, y a pesar de la sorpresa de mi editora, la persona que se haría acreedora del 50% de mi fortuna no fue capaz de demostrarlo. Y yo lo sabía desde que escribí el testamento, razón suficiente por la cual le dejé tan alto porcentaje. Lo único que tenía que haber presentado era una prueba de que alguien sabía que estábamos juntos. Un mensaje, una foto, una nota de voz. Cualquier cosa que pudiera haber garantizado que se sabía de mi existencia. Aunque eso no significa que no lo haya intentado. Más de una vez quiso presentar como evidencia mensajes en los cuales decía que tenía la tarde ocupada, o que ya tenía planes, pero ninguna vez mencionó con quien. Mostró fotos de mis regalos, o de mis libros, pero nunca diciendo quien se los había dado. Llegó con los borradores de mis novelas, que había escrito en nuestra casa, como una muestra de que, si, efectivamente me conocía. Pero nada que cumpliera con las condiciones que se exigían, y al final, pasó el año sin que ese dinero se reclamara, pasando de manera definitiva al fondo.

Solo cuando se cumplió el plazo mi editora tuvo permiso de publicar mi último escrito. Un escrito que, a pesar del dinero que pudo haber generado, nunca vio la luz. Un escrito que, por primera vez en mi carrera, venía dedicado. Mi editora decidió que esa dedicatoria no merecía ser pública, y prefirió guardarlo, convertirlo en un secreto, como yo lo había sido los últimos años de mi vida.

jueves, 6 de mayo de 2021

Mensaje solo para mí

 Desde muy pequeño, recuerdo que mis padres me leían cuentos de hadas para dormir, y yo sentía... como si me llamaran. Como si me quisieran decir algo más que "No digas mentiras", "No confíes en extraños" o "Ponte los lentes para que no confundas a tu abuela con un lobo". Siempre sentía que me estaban dejando algún mensaje oculto, un mensaje que era solo para mí. Pero siempre que se lo decía a mi familia, a mis amigos, o en general, a alguien, decían que "era muy creativo" y procedían a ignorarme.

Esos mensajes ocultos me atormentaban, pensaba en ellos constantemente, a veces incluso soñaba con ellos. Llegó un punto en que mis padres pensaban que algo estaba genuinamente mal con mi mente, que tal vez necesitaba ayuda profesional. Pero los resultados dijeron que no, que únicamente era mi imaginación hiperactiva, y que se me pasaría cuando creciera. Y si no lo hacía, bueno, podríamos ver qué alternativas tomar para que las dejara atrás. Por supuesto, nunca volví a mencionarlo en su presencia. Pero seguían ahí.

Cuando entré a la facultad de letras, creí que sería el lugar perfecto para encontrar personas que entenderían cómo me sentía. Pero la historia se repetía, ya que todos me cuestionaban mi fijación por esas historias, y "me sugerían enfocarme en historias adecuadas para mi edad". Hasta que la conocí a ella.

Desde la primera vez que la vi, quedé profundamente fascinado. Había algo en ella que me atraía como nunca nadie lo había hecho, al grado que contra mi instinto y mi naturaleza, me acerqué a ella, a intentar conocerla. Nunca supe si fue interés en mí, o mi valentía, o qué, pero de inmediato, me prestó atención, como si mi presencia hubiera despertado algo en ella. Fue un momento mágico, como salido de un libro. Para el final del día, ya tenía su teléfono, y los mensajes entre nosotros no paraban. Y no pararían pronto.

Con el pasar de los días, me convencí de que era la razón de mi vida. Decidí abrirme completamente, mostrarle todos mis temores, contarle todo lo que llevaba guardándome décadas. Y por primera vez, ella no me juzgó. Me escuchó, atentamente, tratando de llegar al fondo, de hilar las historias de manera coherente, buscando el mensaje secreto que yo sabía que estaba ahí, y que nadie me creía. Nadie hasta entonces.

Por primera vez en mi vida sentía que las cosas empezaban a tener sentido. Motivado por ella, busqué más y más historia, buscando los pedazos faltantes del rompecabezas, deshilar el secreto y obtener, por primera vez la paz de saber que no estaba loco. Que había algo ahí. Y esta vez no estaba solo. Aunque ella no era capaz de ver los mensajes, me apoyaba en cada paso, me traía más libros, y me ayudaba a hacer sentido a todo, sin importar la hora. A veces me parecía que ella no dormía.

Algunos detalles se convirtieron poco a poco en recurrentes. De entrada, la localización, USA. Por alguna razón, todas las direcciones que aparecían nos llevaban allí, y a pesar de nunca haber visitado el país, ya era capaz de reconocer los paisajes, edificios y símbolos. También, notamos que los mensajes aparecían con mayor claridad si los leía después de comer, lo cual usualmente era entre las cuatro y las cinco de la tarde, siempre y cuando no tomara café. Así, se hizo tradición para nosotros trabajar en las mañanas, juntarnos para comer, tomar algo, usualmente ella un café y yo una taza de té, aunque no era necesario, y después de ello, ella se iba a su casa y yo me aislaba a leer, para discutir los nuevos detalles cuando yo terminara, revisar las notas, y tratar de hacer sentido a todo. Fueron los días más felices de mi vida.

Poco a poco, las diferencias entre mis sueños y la realidad se volvieron difíciles de distinguir. Ya no era extraño verla a ella aparecer en mis sueños, entretejida en el mundo que estábamos descubriendo, junto con el olor del té y aquel país extraño. Solo lo mencioné una vez, pero la sola mención de que había soñado con ella la hizo enojar, razón suficiente para que no lo dijera nunca más. Pero no dejó de aparecer, cada vez con mayor frecuencia, cada vez con mayor claridad, y siempre sembrando más dudas que respuestas, ya que siempre que estaba por acercarme, por preguntarle cualquier cosa, despertaba. Se estaba volviendo pieza fundamental de mis dos mundos, y no existía nadie con quien yo prefiriera compartir ninguno de ellos.

Sin embargo, los avances se hacían cada vez menos frecuentes, y la desesperación se hizo palpable en ambos. Le habíamos dedicado mucho tiempo como para quedarnos tranquilos con una historia incompleta. Así que, en un último esfuerzo, le propuse que viajáramos a USA, juntos. Tal vez ese lugar traería consigo algunas respuestas. Y si no, lo dejaríamos de buscar. Era un último intento desesperado.

Gasté todos mis ahorros para irme a ese viaje. El trabajo de mi vida no merecía menos, y francamente, la idea de viajar con ella no me desagradaba en absoluto, sino que me daba una motivación extra. El día antes de irnos, después de hacer las maletas, decidimos hacer un repaso general de la teoría más sólida que teníamos hasta entonces: "En algún lugar de USA, existe un secreto muy poderoso. Tanto, que debe de ser escondido a toda costa, pues de caer en las manos equivocadas, podría destruirlo todo. Yo debo salvaguardar la llave, por algún motivo, para que no caiga en las manos de la fuerza oscura que la está buscando". Y yo sabía que ella jugaba parte importante para que lo consiguiera, aunque no lo mencionara.

Yo había soñado con el momento en que me bajaría del avión, y de inmediato sabría localizar a donde me llevaba mi búsqueda. Pero no fue así. No sentía nada diferente, y los mensajes cada vez tenían menos sentido. Y pude notar su frustración al respecto. Traté de achacarlo a muchas cosas, empezando por la mala calidad del té que se servía en este país, al cambio de horario, pero no tenía ninguna buena explicación, solo pretextos para tratar de alargar nuestra búsqueda juntos.

Y así, pasaron las dos semanas que habíamos reservado para concluir la búsqueda, sin resultados. La tarde antes del vuelo tuvimos una pelea. Nunca la había visto tan molesta, y pensar en su mirada llena de rabia no me dejaba dormir. Decidí hacer un último intento, motivado más por el insomnio y la esperanza que por otra cosa, y reuní todos los elementos que solían funcionar. Me senté, solo, en la madrugada, con una tasa de té, y comencé a leer.

Fue como un sueño lúcido. Pude ver con toda claridad dónde estaba escondido ese secreto, qué se tenía que hacer para desbloquearlo, y pude verme ir por él, en soledad y temeroso, un miedo en mi rostro que parecía casi como si me estuviera escondiendo. Y cuando estaba a punto de conseguirlo, pensé en ella, y el mensaje desapareció, tan súbitamente como había llegado. Supe que tenía que decirle. Sabía que eso haría que el enojo desapareciera, y que podríamos ir al día siguiente, antes del vuelo, y confirmar que todo nuestro esfuerzo había rendido frutos.

-Despierta?-
Ella contestó antes de que pasar un minuto -Deberías de estar dormido. Si no estás listo a tiempo, no te pienso esperar
-Solo quería decirte que vi otro mensaje. Probablemente el último. Creo que fue el té
-Té? Con razón estás despierto. Pero está bien. Te leo- Yo procedí a explicarle a grandes rasgos lo que había visto.
-Usa ropa cómoda mañana, haremos una excursión temprano, antes del vuelo, para verificar. Te dejo dormir- Fue su única respuesta después de leerlo todo. Ninguno de los dos mandó un mensaje más, y dormí tranquilo por primera vez en todo el viaje.

A la mañana siguiente, al sonar el despertador, yo ya estaba despierto, y listo para el día decisivo.

Ninguno de los dos dijo mucho durante el camino. Ambos sabíamos que toda la inversión que habíamos hecho, tanto de tiempo como de dinero, sería en vano si esto no funcionaba. Pero yo estaba seguro. Había visto el camino, y no había nada que me hiciera dudar.

Mentiría si dijera que no estaba nervioso. Pero también estaba seguro de la veracidad de los mensajes, y lo único que quería era que ella compartiera mi emoción. Para ello, no podía dejar entrever ni un segundo de duda. Así, cuando llegamos al pueblo, ni siquiera la esperé. Casi corrí, siguiendo paso a paso la visión que había tenido. Y cuando llegué a la parte en que la visión se había acabado, entendí por qué. Ahí, frente a mí, estaba ella, con un objeto entre las manos, mirándolo con deseo. Y aunque era el mismo cuerpo que el de la mujer con quien había compartido tantas cosas, no la podía reconocer. Algo era completamente distinto en ella. 

-¿Sabes cuál es el principal problema de los héroes en los cuentos de hadas? Que confían con demasiada facilidad. Y tú no eres la excepción. Ahora, gracias a ti, por fin tengo la llave que me permitirá liberar todo mi poder-

Quise decir algo, pero me encontraba paralizado. Pensé en todos los mensajes, en todas las partes que había visto, y buscando la manera en que pude ver venir esto.

Y solo cuando ella desapareció, volando, y el cielo se obscureció bajo su nuevo poder, fue que lo entendí todo.

Despierta. Ella. Solo. Te. Usa.