sábado, 21 de septiembre de 2013

Vínculo Perfecto (parte 16)

Pudo haber dicho cualquier otra cosa, y me hubiera resultado menos inesperada. –Tienen que estarlo, ¿Cómo podrían no? ¡Por algo juegan Linkball!- -El vínculo no es requisito para el Linkball. Es solo que no hay manera de que dos personas sin él se comparen con dos personas vinculadas. O así debería de ser. Por eso nadie asume que nosotros no lo estemos-

No puedo negar que era una idea que había cruzado por mi mente en más de una ocasión. Siempre habían sido una pareja muy rara, pero todos tenemos nuestras particularidades, y asumí que era solo eso. Nunca pensé que pudieran ser tan buenos sin estar vinculados, en eso tenía razón.

-Pero... ¿Cómo?- -¡No preguntes tonterías! ¡Piensa! Ustedes ya dejaron claro que son como nosotros, ¡Asocia!- -¿Nosotros?- Pude ver como la rabia lo inundaba -¿En serio perdí tres rondas contra ti? Pensé que tenías una mente superdotada, de la misma manera que tu amada tiene una velocidad incomparable, pero creo que solo eres un tonto con suerte- -¿Disculpa? ¿Qué dijiste?- -Olvídalo. Cuando quieras pensar dime-

Se dio media vuelta, y en su acostumbrado caminar imponente, se fue. Pero, a pesar de un instante de duda, yo no lo dejé ir en paz. Corrí a detenerlo, y sin pensarlo, jalé su camisa. Solo entonces recordé su mirada de odio la última vez que había hecho exactamente lo mismo. –Te dije que ni siquiera se te ocurriera volverme a exigirme algo, o lo lamentarías.- Con un movimiento fugaz, intentó tomar mi mano, pero esta vez falló. –¡Lo único que quiero es entender!- -¡Ya entiendes! ¡La entiendes a ella, que es lo más importante! Y entendiéndola a ella, como yo lo hice con Alma, podrás entenderme a mí-

No sabía que pensar. Por más que intentaba trazar una conexión entre ellos y yo. Entre ellos, Abi y yo. Pero era muy complicado ponerme en sus zapatos, intentar meterme en su cabeza. Suspiró, y tallándose con fuerza los ojos, me dijo: -Creo que tendré que contarte toda la historia-

“Desde que tengo uso de razón, el vínculo me llamó la atención. Cuando yo era chico, el Linkball aún no desataba la euforia que hoy en día, a pesar de que ya empezaba a ganar popularidad. Claro, ya habían pasado algunos de sus más gloriosos participantes, pero aún no era tan multitudinario como ahora lo es, en parte gracias a Alma y a mí. Y en base a mi fascinación con el vínculo, desarrollé un especial deseo por entender a las personas, y cómo lo entendían ellos.

De la misma manera que tú, tengo cierta habilidad innata para entender. Tú entiendes a las cosas, cosa que creo que quedó claro en nuestras pruebas. Yo entiendo a las personas. Y fue así como mi increíble habilidad entendiendo a las personas y mi inconmensurable interés por el vínculo, que terminé decidiéndome a estudiar psicología.

Tal vez estés pensando que nunca logré hacerlo, porque empecé mi carrera en el Linkball a los dieciséis, pero estás equivocado. Siendo el superdotado que soy, terminé la carrera de psicología con una especialidad en el vínculo para antes de cumplir doce años. Para mis catorce años, ya tenía una gran fama que me precedía como uno de los mejores psicólogos del país. Toda clase de personas recurría a mis servicios, desde mujeres en plena crisis de la mediana edad, temerosas de que su marido se hubiera mal vinculado, y estuviera ocultándole pensamientos sobre otras mujeres, hasta encargados de empresas que temían vincularse porque podrían robarles toda su fortuna una vez adquirida la información necesaria.

Fue en ese tiempo cuando me di cuenta, por primera vez, que el vínculo se estaba volviendo la principal preocupación de la humanidad. La gente solamente se preocupaba por el vínculo. Podías medir el éxito de una persona viendo con quién estaba vinculado, en lugar de preocuparte por él como un ser humano. Empecé a odiar la idea del vínculo, y a aquellos a quienes tanto les preocupaba, pero gracias a mi capacidad de entendimiento, lograba entender los problemas de la gente, aconsejarlos, y generarme una clientela aún mayor.

Entre la gente a la que empecé a odiar con especial fuerza estaban los participantes de Linkball. Lo veía como un acto estúpido cuya única finalidad era enviciar a todos los humanos para que desearan el vínculo, fortaleciendo esa idea que yo había crecido a odiar. Todo eso cambió, sin embargo, cuando ella entró a su primera sesión. Una mirada me bastó para comprenderla, para amar aquello que ella amaba.

Fue un quince de abril, recuerdo perfecto, la primera vez que vi a Alma.

http://enriquegatica.blogspot.mx/2013/09/vinculo-perfecto-parte-17.html

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