Pudo haber dicho cualquier otra cosa, y me hubiera
resultado menos inesperada. –Tienen que estarlo, ¿Cómo podrían no? ¡Por algo
juegan Linkball!- -El vínculo no es requisito para el Linkball. Es solo que no
hay manera de que dos personas sin él se comparen con dos personas vinculadas.
O así debería de ser. Por eso nadie asume que nosotros no lo estemos-
No puedo negar que era una idea que había cruzado por mi
mente en más de una ocasión. Siempre habían sido una pareja muy rara, pero
todos tenemos nuestras particularidades, y asumí que era solo eso. Nunca pensé
que pudieran ser tan buenos sin estar vinculados, en eso tenía razón.
-Pero... ¿Cómo?- -¡No preguntes tonterías! ¡Piensa!
Ustedes ya dejaron claro que son como nosotros, ¡Asocia!- -¿Nosotros?- Pude ver
como la rabia lo inundaba -¿En serio perdí tres rondas contra ti? Pensé que
tenías una mente superdotada, de la misma manera que tu amada tiene una
velocidad incomparable, pero creo que solo eres un tonto con suerte-
-¿Disculpa? ¿Qué dijiste?- -Olvídalo. Cuando quieras pensar dime-
Se dio media vuelta, y en su acostumbrado caminar
imponente, se fue. Pero, a pesar de un instante de duda, yo no lo dejé ir en
paz. Corrí a detenerlo, y sin pensarlo, jalé su camisa. Solo entonces recordé
su mirada de odio la última vez que había hecho exactamente lo mismo. –Te dije
que ni siquiera se te ocurriera volverme a exigirme algo, o lo lamentarías.-
Con un movimiento fugaz, intentó tomar mi mano, pero esta vez falló. –¡Lo único
que quiero es entender!- -¡Ya entiendes! ¡La entiendes a ella, que es lo más
importante! Y entendiéndola a ella, como yo lo hice con Alma, podrás entenderme
a mí-
No sabía que pensar. Por más que intentaba trazar una
conexión entre ellos y yo. Entre ellos, Abi y yo. Pero era muy complicado
ponerme en sus zapatos, intentar meterme en su cabeza. Suspiró, y tallándose
con fuerza los ojos, me dijo: -Creo que tendré que contarte toda la historia-
“Desde que tengo uso de razón, el vínculo me llamó la
atención. Cuando yo era chico, el Linkball aún no desataba la euforia que hoy
en día, a pesar de que ya empezaba a ganar popularidad. Claro, ya habían pasado
algunos de sus más gloriosos participantes, pero aún no era tan multitudinario
como ahora lo es, en parte gracias a Alma y a mí. Y en base a mi fascinación
con el vínculo, desarrollé un especial deseo por entender a las personas, y
cómo lo entendían ellos.
De la misma manera que tú, tengo cierta habilidad innata
para entender. Tú entiendes a las cosas, cosa que creo que quedó claro en
nuestras pruebas. Yo entiendo a las personas. Y fue así como mi increíble
habilidad entendiendo a las personas y mi inconmensurable interés por el
vínculo, que terminé decidiéndome a estudiar psicología.
Tal vez estés pensando que nunca logré hacerlo, porque
empecé mi carrera en el Linkball a los dieciséis, pero estás equivocado. Siendo
el superdotado que soy, terminé la carrera de psicología con una especialidad
en el vínculo para antes de cumplir doce años. Para mis catorce años, ya tenía
una gran fama que me precedía como uno de los mejores psicólogos del país. Toda
clase de personas recurría a mis servicios, desde mujeres en plena crisis de la
mediana edad, temerosas de que su marido se hubiera mal vinculado, y estuviera
ocultándole pensamientos sobre otras mujeres, hasta encargados de empresas que
temían vincularse porque podrían robarles toda su fortuna una vez adquirida la
información necesaria.
Fue en ese tiempo cuando me di cuenta, por primera vez,
que el vínculo se estaba volviendo la principal preocupación de la humanidad.
La gente solamente se preocupaba por el vínculo. Podías medir el éxito de una
persona viendo con quién estaba vinculado, en lugar de preocuparte por él como
un ser humano. Empecé a odiar la idea del vínculo, y a aquellos a quienes tanto
les preocupaba, pero gracias a mi capacidad de entendimiento, lograba entender
los problemas de la gente, aconsejarlos, y generarme una clientela aún mayor.
Entre la gente a la que empecé a odiar con especial
fuerza estaban los participantes de Linkball. Lo veía como un acto estúpido cuya
única finalidad era enviciar a todos los humanos para que desearan el vínculo,
fortaleciendo esa idea que yo había crecido a odiar. Todo eso cambió, sin
embargo, cuando ella entró a su primera sesión. Una mirada me bastó para
comprenderla, para amar aquello que ella amaba.
Fue un quince de abril, recuerdo perfecto, la primera vez
que vi a Alma.
http://enriquegatica.blogspot.mx/2013/09/vinculo-perfecto-parte-17.html
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